Hace poco he tenido la suerte de poder viajar a Argentina y conocer sus encantos. Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido la inmensidad de la naturaleza allí, la diferencia de proporciones en comparación con aquello a lo que estamos acostumbrados en Europa.
Para empezar, el Río de la Plata es prácticamente un mar, con 200km de ancho en la desembocadura al océano. En realidad, en España más que “río” creo que lo llamaríamos “ría”, pero aún así sería una enoooorme ría. Luego está el Lago Argentino cerca de Calafate en el Parque Nacional de los Glaciares, cerca del extremo sur del país. Es un lago gigantesco por el que se puede navegar horas y horas observando glaciares como el Perito Moreno, Spegazzini, Peineta, Upsala… Este último dicen que tiene una extensión de 5 veces la ciudad de Buenos Aires (que no es pequeñita precisamente) y las paredes de los glaciares pueden tener tranquilamente entre 100 y 200 metros de altura, como la Torre Picasso en Madrid … ¡casi nada!

Y en el extremo opuesto del país, a 4 horas y media de avión aproximadamente de Calafate (las distancias también se las traen), están las maravillosas Catarátas de Iguazú: más de 200 saltos de agua, algunas catarátas con hasta 180 metros de altura y un caudal que llega a bajar a más de 100 kilómetros por hora. Desde luego un auténtico espectáculo de la naturaleza que me dejó con la boca abierta.
