La llegada a la Plaza del Obradoiro con la majestuosa catedral abriendo sus puertas a todos los peregrinos es uno de los momentos más intensos del Camino.

Por aquello de apurar los días de vacaciones, muchos peregrinos llegan a Santiago de Compostela con menos de 24 horas para disfrutar de la ciudad antes de volver a casa y a la rutina diaria. Pero, si puedes, resérvate un día, además de la jornada de la llegada, para disfrutar de la ciudad y descansar. Has dedicado muchos días a llegar a tu meta y sería una pena abandonar la ciudad del apóstol precipitadamente.
La catedral merece un par de horas de dedicación y durante la misa del peregrino (todos los días a las 12) podrás ver el famoso botafumeiro en movimiento, un auténtico espectáculo y un placer para la vista. Parece increíble lo milimetrado que está para que no choque contra el techo. Por otra parte, tampoco puedes olvidar las tradiciones: los tres golpecillos con la cabeza contra la columna del pórtico de la Gloria pidiendo los correspondientes deseos al Apóstol, a quien puedes ir a abrazar por detrás del altar. Son actos bonitos y emotivos, tanto para creyentes como para los que no lo son.

Por cierto, que como al día siguiente no te vas a pegar la paliza caminando ni madrugando, puedes hacer una salida nocturna. Cuando oscurece, en la Plaza del Obradoiro bajo los soportales del Ayuntamiento y la Xunta de Galicia siempre hay una tuna cantando para los visitantes. Después te puedes montar sobre dos ruedas para realizar tu particular Rally Paris-Dakar. Sí, sí, y es que una calle colindante –la rúa do Franco- hay un bar de copas y tapas detrás de otro: el de un extremo se llamaba como la capital francesa (ahora ya ha cerrado) y en el otro extremo nos podemos plantar en la ciudad senegalesa para seguir celebrando la llegada a Santiago.
Y si te queda algo de tiempo antes de volver a casa, vale la pena que vayas a Finisterre (en tren o coche de alquiler). Allí es donde está el verdadero kilómetro cero de la ruta, donde se dice que hace siglos desembarcaron con el cuerpo del Apóstol antes de llevarlo a la ciudad compostelana. Realmente te dará la impresión de haber llegado al final de la tierra, una sensación curiosa especialmente si hay mucha niebla.
