Cuando camines, habitualmente dejarás el sol a tu espalda, puesto que caminarás hacia el oeste. Pero no olvides echar un vistazo hacia atrás al amanecer: te puedes encontrar con un espectáculo precioso en el cielo. Por ejemplo, ya llegando a Santiago, a la altura del mojón kilométrico 13 (los kilómetros ya no se corresponden exactamente con estos indicadores, por los cambios que ha sufrido la ruta a través de los años).

En Melide es casi obligatorio hacer un alto en el Camino para tomar pulpo a feira. ¡Ñam! Sabe a gloria, incluso a las 10 de la mañana
.

Los finales de etapa marcados por las guías suelen apelotonar a más peregrinos de los necesarios. Otros pueblos y albergues menos conocidos como Molinaseca o Ribadiso da Baixo te sorprenderán.
El Monasterio de Samos exige un ligero desvío de 5 kilómetros de la ruta más corta, pero merece la pena. Se trata de una edificación enorme en medio de un valle, tan sólo rodeado por unas pocas casas.

Charla con otros peregrinos que te encuentres. Te enterarás de historias impresionantes y conocerás a gente increíble, como por ejemplo un belga que volvía a su casa andando. De allí había partido cuatro meses y medio atrás y había atravesado media Europa para llegar al campo de las estrellas que es Santiago de Compostela, seguir después hasta Finisterre y de allí a Fátima.