Estamos de obras en casa, haciendo una reforma que va a cambiarnos la casa de arriba a abajo. Por nuestro hogar (ahora mismo no muy dulce) desfilan a diario al menos seis obreros distintos y de vez en cuando sus jefes. ¿Mujeres entre ellos? Ni una.
Al principio no había reparado en ello: lo habitual es que veamos únicamente a hombres en las obras. Pero en realidad es extraño, porque muchas de las cosas que hacen no exigen tener fuerza bruta. Y sin embargo, ¿a cuántas mujeres habéis visto ir alguna vez a vuestra casa a ponerse manos a la obra?
Curioso.
Pues no creo que la mujer tenga que preocuparse en pleno siglo XXI por esta lucha. Si quiere trabajar en la obra, seguro que puede y si no hay otros millones de puestos en los que sentirse feliz y ganarse el pan de cada día.